¿Quién te dijo que quiero encamarme contigo?

Otras Minucias

25 de Octubre de 2016

Por Paloma Cuevas

Hace mucho, mucho tiempo yo creía que el concepto del amor era esa novelita rosa que nos venden a través de toooooodas esas películas de Disney que a manera de “escuela de señoritas”, nos preparan para un príncipe azul, que dada la situación económica global difícilmente (para no tronarle la burbujita a las más crédulas) llegará… Ser la más linda, la más tierna, la más dulce, la más modosita, nunca estar fodonga, nunca fruncir el ceño, nunca contestar con palabras amargas, nunca jamás pensar que algo pueda salir mal y siempre estar dispuesta para el amor…

Lamento informarles que algunos o varios sapos besados después, (no debería aplicar aquí una falsa modestia que nos convierta en mojigatos), el tiznado príncipe azul no apareció jamás, y hube de conformarme con cierto fulanito que dicho sea de paso, no era nada de lo que jamás había imaginado, pero teníamos una aparente compatibilidad intelectual y un completo entendimiento sexual, que nublaba todo cuestionamiento existente.

De nada valieron los ácidos comentarios de mi familia referentes a sus “pelos de hippie”, a “su falta de visión a largo plazo”, y hasta a la forma estúpida en que “casi acaricia los jitomates antes de preparar el arroz”, a mí me parecía un gesto de lo más tierno eso de “apapachar a los jitomates”, casi sensual, para que me entiendan y es que ¿quién se toma el tiempo en estos días de darle valor a lo que ha de ser triturado por la licuadora, frito en aceite o simplemente arrasado por la vida? Para no hacerles el cuento largo, descubrí ocho años después de patético matrimonio que al fulano le gustaba mucho más que acariciar jitomates, (quien entendió, entendió. No perderé el tiempo contando detalles triviales de una o varias vulgares infidelidades), y un buen día otros ocho años después agarré un par de maletas, a mis tres hijos y decidí poner la basura en su lugar (no se escandalicen, no hablo del fulano, sino de todos los sentimientos de venganza, desesperación y resentimiento que la situación me estaba provocando).

A pesar de haber sentido terror en un primer momento descubrí, que la responsabilidad de criar sola a mis tres hijos, siempre había sido mía, sólo que me auto-engañaba en el espejismo del “matrimonio que es para toda la vida”…Y debo confesar que desde hace más de ocho años el saberme divorciada por lo menos a nivel emocional, me preparó para la inmensidad de la soledad consecuente, sin embargo no es lo mismo que lo “mesmo” y el sentimiento de orfandad, el darme cuenta de que nadie apagará la luz por la noche, el tener que ir “yo” a la tiendita o hasta el haber regresado a la casa materna son cositas que jamás imaginé que tendría que vivir de nueva cuenta.

Lo que sigue es esa estúpida generalización de que todas las mujeres divorciadas andamos urgidas por un poquito de amor que seguramente confundiremos con sexo, el cual deseamos con todos esos hombres que están comprometidos y que tienen panzas que no se nos antojan o penes mini, que no deseamos ni a tres metros a la redonda, pero que ellos creen que es la última bebida vigorizante en el desierto. Ya este fin de semana me tocó explicarle a un señor casado que no me gusta, que no se me antoja y que si deseara en algún momento una relación amorosa, sexual, o de esas medio promiscuas no sería jamás con alguien a quien comprometido a quien su mujer llama “cuchi” en público. Mientras tanto seguiré intentando acomodar el rompecabezas en que se ha convertido mi vida, mejor sola que mal acompañada.

Sobre el autor:

Paloma Cuevas

Escritora

Paloma es el resultado de una educación libre y sin trabas, nunca aprendió a quedarse callada ante la injusticia. Obtuvo una formación académica en Filosofía por la UNAM y en Enseñanza del Inglés por la UAEM, Ideasta, escritora, columnista, preguntadora, invitadora y provocadora. Colabora con quince medios escritos. Mientras promueve y gestiona cultura desde todos los ángulos. Colabora con UniRadio y es miembro activo del Observatorio Ciudadano de Género de Toluca.