Carta a la mojigata que habita en mí

Otras Minucias

9 de Noviembre de 2016

Por Paloma Cuevas

Estimada señorita X:

Deseo se encuentre usted muy bien, aunque ambas sabemos que no es así.

Existir como si usted fuera una ameba no es lo mismo que vivir y no podemos negar que usted solamente existe. De los treinta y cinco años que lleva en este mundo me gustaría preguntarle ¿cuántos momentos recuerda de éxtasis total…? Y conste que antes de que se ruborice le aclaro el éxtasis no sólo es provocado por los orgasmos, ni por las exaltaciones religiosas…

Desde el principio de los tiempos la influencia de su abuela paterna la volvió agria para la vida y atrofiada para el placer. Eso de jugar a ser beata desde chiquita me provoca una flojera infinita, le juro que trato de ser benévola, pero su comportamiento tan hipócrita y tan desigual me resulta sólo comparable con las ganas que tengo de levantarme para ir al dentista a que me torture con sus aparatejos desgraciados…

Usted confunde los valores con instrumentos de tortura y pena capital, confunde la decencia con el ayuno, el amor con la posibilidad de erigirse en juez de la vida del prójimo, y en un agente de cambio que termina por convertir al objeto del afecto en alguien desprovisto de voluntad y personalidad propias, una extensión de sus traumas y sus miedos.  A fin de cuentas ¿qué tanto le importa en realidad lo que hagan los demás con sus vidas, si usted no tiene una puta idea de qué hacer con la propia?

A veces debo confesarlo me da ternura, de esa ternura triste que provocan las víctimas que carentes de capacidad de tomar las riendas de sus vidas terminan por hacer y decir como títeres lo que otros esperan…

A veces me pregunto si alguna ocasión ha permitido aunque sea por diversión un pequeño descontrol, sentir electricidad en la piel y cosquillas en el vientre al mirar a aquel que entre peligroso y delicioso promete momentos de placer inolvidables, no es que la juzgue, es que me pregunto cómo puede vivir así, si un recuerdo culpable, sin una sonrisa cómplice, sin una anécdota que la ruborice, y entonces recuerdo que somos una misma y que la doble moral de la que la acuso, no es sino el reflejo de lo que otros han tratado de hacer de mí y no he permitido.

Es que la sociedad que nos impone normas y nos juzga termina por secarnos el alma en algunas ocasiones si así se lo permitimos. Debo confesar que luchar contra usted es toda una guerra y que hay días en los que desearía rendirme y mandar todo al carajo, ser como los demás querrían que fuera y olvidar que mi piel esconde constelaciones que la astronomía desconoce, que hay puntos en donde exploto al amar y zonas en donde las sonrisas abundan, los sueños renacen y las ganas de estar viva tienen una razón de ser.

Mi querida mojigata, suéltese el pelo y arránquese la ropa, viva, sienta y disfrute que la vida no retoña y lo que deje para mañana dejará de gozarlo hoy…



Sobre el autor:

Paloma Cuevas

Escritora

Paloma es el resultado de una educación libre y sin trabas, nunca aprendió a quedarse callada ante la injusticia. Obtuvo una formación académica en Filosofía por la UNAM y en Enseñanza del Inglés por la UAEM, Ideasta, escritora, columnista, preguntadora, invitadora y provocadora. Colabora con quince medios escritos. Mientras promueve y gestiona cultura desde todos los ángulos. Colabora con UniRadio y es miembro activo del Observatorio Ciudadano de Género de Toluca.