El Estudiante

Entretenimiento

17 de Febrero de 2017

Por Emilia Sinclair

Hace unos días me fui a Guanajuato y es de las ciudades más hermosas que he visto hasta ahora: callejones empedrados con miles de historias por contar, túneles que te invitan a pasar a otra dimensión, jardines donde puedes encontrar un duende o al Quijote mismo. Tengo un poco de sangre guanajuatense y me imagino por eso le tengo tanto amor a esa entidad, aunado que para los mexicanos es la capital de la cultura.

Muchísimas películas se han grabado ahí, desde las del Santo hasta la película más hermosa, romántica e inspiradora que, a mi parecer, ha nacido del cine mexicano: el estudiante, escrita por Gastón Pavlovich y dirigida por Roberto Girault. No soy experta en cine ni mucho menos fanática del mismo, a decir verdad, soy fan de movies como Sangre por Sangre o Fight Club; sin embargo, El Estudiante centró mi atención por aquella premisa inmersa en sus líneas: cómo sería el Quijote del presente siglo.

 Cuando vi esa premisa dije “¡ottss!, película cursi”, y pues sí. Pero con el paso de la trama, te vas haciendo preguntas y preguntas, abriéndote los ojos y dejas de centrar por un momentito la atención hacia tu ego y piensas, por ejemplo, es admirable que Chano (personaje principal interpretado por Jorge Lavat), después de su jubilación entre a la Universidad a estudiar lo que verdaderamente le apasiona, que son las letras; pero también dices, ¿tener que esperar tanto para hacer lo que uno quiere? Es difícil cuando vives bajo la idiosincrasia de casarte, tener hijos, trabajar en algo que te reditúe de manera casi inmediata, pese a que sea sentado todo el día, aunque también dices, al menos el Chano se atrevió y uno aquí persiguiendo la chuleta, corriendo como cucaracha espantada para conseguir lugar en el metro.

La película tiene tintes moralistas, sí. Los personajes son oriundos de Guanajuato, lugar donde hace algún tiempo se prohibieron los besos en lugares públicos, o sea, era obvio que en la peli no se dijera una grosería o apareciera una chichi accidentalmente estilo Martha Higareda. Cosa que me pareció aplaudible, demostrando que en mi México lindo y qué herido, se pueden hacer cosas bonitas sin necesidad de emplear el clásico argot cinematográfico mexicano.

Viendo toda esa moralidad, también te cuestionas porqué el estilo de vida actual ha perdido ese toque de pudor, que, como dice Chano, es la elegancia de la belleza. Ya es normal ver muchachitas de 15 años semidesnudas, más maquilladas que mis tías cincuentonas, publicando hasta el detalle más íntimo e ínfimo de sus vidas, todo por unos likes, comentarios, necesidad de hacerse sentir notadas, pues. Y es que, a mi parecer, esta apertura de las redes sociales, es una ventana para denotar la soledad y la decadencia humana, en la que uno es capaz de hacer cualquier cosa a cambio de reconocimiento. Sometimiento a través del placer, como diría Huxley.

Y cuando hablamos de placeres, el mejor de todos, de acuerdo con Chano, es tener un compañero de vida. Chano tiene a su Sirenita, Alicia, que primero se mostró renuente ante la decisión del protagonista de iniciar una carrera universitaria, pero lo apoyó porque eso hacen las parejas que se aman. Nos enseñan que amar no es sacrificio sino entrega y los ves tan enamorados después de tantísimos años y caes en cuenta que probablemente nunca cumplirás más 30 años con alguien y que, para estas alturas de la vida, lo más seguro es que no exista nadie para ti o que las probabilidades de conocer a la persona que quiera compartir sus rarezas contigo puede hablar otro idioma o estar a millones de kilómetros tuyos. Afortunados aquellos que pudieron encontrar al amor de su vida en la misma colonia, ciudad o país.

 Y, para entender de amor, Chano y Alicia enseñan a los pequeños universitarios que dar sin recibir nada a cambio, es una forma elevada de amar y provoca una de las mejores satisfacciones que el ser humano puede encontrar porque se hace incondicionalmente. Aprendí del estudiante que no es más rico el que más tiene, sino el que más da.

 Cuando se es chavo, se tiene ese ímpetu de quererse comer el mundo y vamos por la vida experimentando sensaciones, argumentando que es para saber qué nos gusta. Y las consecuencias (buenas o malas), siempre vienen y de nuevo entra esta parte del amor, ya sea propio o hacia otra persona o qué mejor, hacia alguien que crece dentro de ti. Recuerdo perfectamente las palabras de Alicia cuando le dijo a Alejandra: “dar vida es la entrega que más vale vivir y sufrir”. Será por mis 14 semanas de embarazo que todo lo siento más y lloro cada vez que se viene a mi cabeza esa escena y veo una imaginaria imagen del bebé que vendrá al mundo en algunos meses. Insisto, es el amor el que nos hace invencibles.

 Infortunadamente, no he encontrado un lugar donde tengan esta película, sólo la he visto en youtube con una calidad pasable. Vale la pena verla si están en sus 5 minutos de sentimentalismo o si son unos cursis empedernidos, porque recuerden: “pensamos que amar es tener derechos, pero la ironía del amor es que se funda en renuncias. Pensamos que amar nos legitima a tener, nos olvidamos que amor es ceder, darse”.

Y ustedes, ¿conocen a alguien que se parezca al Quijote?


Sobre el autor:

Emilia Sinclair

Espía

Agente del caos. Antihéroe mexica librando batallas contra enemigos que devastan y perjudican la justicia y paz mental. En una ocasión tuve un amor pero no recuerdo donde lo dejé por cuidar mi trago de whisky.