Increíble

Otras Minucias

26 de Febrero de 2017

Por Juan Carlos Herrera Fernández


Corría la primera junta directiva del año; Fernando, uno de los consejeros, con toda la experiencia en comunicación política, el macro ambiente y las variables que inciden en el desarrollo económico y político del país, advertía sobre la etapa de lo increíble.

Increíble, que una de las naciones más poderosas del mundo tenga a la cabeza a un líder, cuya percha y comportamiento mesiánico no nos deja más que percibir problemas tanto internos como externos, afectaciones serias a las relaciones internacionales y el inminente riesgo de sucesos que, por su naturaleza, nos sorprenderán abruptamente.

Increíble, la desintegración de un mundo globalizado, los evidentes excesos y abusos de todo tipo, generadores de hastío e intolerancia con múltiples matices, que agravan cada vez más, la convivencia humana.

Increíble, el panorama político del país, los altibajos de la izquierda y de la derecha, el efecto dominó de los idealistas y el comportamiento acéfalo de la población que carece de un liderazgo positivo, de un rumbo estable, de esperanza.

Lo increíble sobrepasa las expectativas. Fernando puntualizaba en que líderes de opinión, expertos en economía y política, titubean ante cualquier proyección confiable. No hay certidumbre de un camino tranquilo, escenarios diversos como alzas en los precios de los energéticos, las tasas de interés en una vorágine fuera de control, los mercados inestables y un sinfín de variables que ponen en jaque el control de un municipio, de un estado, de un país y evidentemente, de un mundo fuera de sí.

El aprendizaje significativo ante este panorama, es que hoy, más que nunca, debemos arraigarnos a nuestra esencia como individuos, concentrarnos en salvaguardar ese granito de arena que hemos venido cargando, esa responsabilidad que tenemos de hacer de este mundo un lugar mejor, es nuestra encomienda cultivar ese cúmulo de principios que nos sujeta y que fortalece nuestras raíces ante el afanoso viento de la adversidad.

Recientemente he visto cómo algunas personas se derrumban ante la realidad que vivimos, sus raíces se han debilitado, se han desgastado. Su esencia, más que transformarse, se ha visto afectada por agentes externos. Cuando hablamos de la esencia individual, nadie tiene la autoridad para establecer un juicio entre lo bueno y lo malo, ya que ese balance o equilibrio dependerá siempre de la persona misma, de sus principios, sus valores y, sobre todo, del contexto en el cual esa persona se encuentre inmersa.

La actitud superficial y la decisión visceral de dar la espalda a los problemas con los cuales nos vamos encontrando, de cualquier tipo, no es la solución. La efímera sensación de placer al derrumbar lo que con tanto esfuerzo se ha construido a lo largo del tiempo, nos lleva a replantear aquello que nos define. Un nuevo reto no es lo mismo que la actitud predefinida de buscar salidas fáciles, el gran desafío consiste en levantar la mirada, enfocar nuevamente el horizonte y dar pasos firmes hacia ese proyecto de vida en el cual hemos construido relaciones, las personas han confiado en nosotros e, incluso, hemos sido ejemplo para otros.

Volvamos a los básicos, seamos más humanos, fomentemos la interacción armoniosa, descarguemos nuestro estrés en actividades recreativas, sonriamos más, alimentemos nuestros principios, eduquemos, busquemos historias que compartir, seamos protagonistas de ellas, emocionémonos, seamos creativos, no dejemos de sorprendernos, de admirar y de aprender de quienes nos rodean. La esencia de todos y cada uno de nosotros tiene dimensiones positivas, llenémoslas con virtudes, con pasiones, con sueños.

El entorno es complejo, cambiante, poco estable; nuestros valores no. Lo que somos y la convicción con la que actuamos será lo único que nos defina como seres racionales, sensatos; no esperemos a que el entorno se acople a nosotros. Hemos evolucionado y debemos resistir. Es momento de lograr lo increíble desde nosotros hacia afuera, es momento de ser más constantes, más sabios, más auténticos.

Cuando envejecemos, nos preocupamos por dejar un legado, cerciorémonos de que ese legado abra paso a historias de personas sabias, tomadoras de decisiones, independientes, responsables, confiables y apasionadas; si vigilamos esas cualidades, podremos mirar atrás y saber que nuestro papel fue bien desempeñado. Permitamos que lo increíble siempre suceda, pero a su vez, cultivemos nuestra esencia para fortalecer y nunca olvidar aquello que nos distingue, aquello que para nosotros puede ser habitual, para alguien más representará una historia digna de compartir y de la cual aprender.

La reflexión de Fernando, en ese preciso momento, me permitió no solamente pensar en el rumbo de un negocio y los retos que se avecinan, también me permitió hacer un análisis interno de mi conducta y mi comportamiento ante la situación que atravesamos, valoro mucho esa referencia ya que, a través de estas líneas, puedo conceptualizar nuevamente un aprendizaje significativo que se inmortaliza en este espacio cuyo impacto y alcance siempre consideraré, increíble.

Sobre el autor:

Juan Carlos Herrera Fernández

Observador nato

Potosino de origen y jarocho por convicción. Esposo y padre, hombre de familia que procura aprovechar al máximo el tiempo que le deja la noble labor de formar profesionales de la Comunicación. Director de facultad, empresario y catedrático universitario de pregrado y postgrado. Observador nato y estratega apasionado. Perseguidor de la felicidad en cualquiera de sus manifestaciones.

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