Palabras que permanezcan

Cultura

2 de Abril de 2017

Por Juan Carlos Herrera Fernández


¡Bruno!, dijo alguno de los dos, y los dos juntos, decidimos que ese era el nombre ideal para el tercero de nuestros hijos, nuestra última aventura para transformarnos en un ser más, como extensión y propagación de nuestro amor.

La responsabilidad es la misma que con los dos anteriores; el preámbulo de la llegada del bebé se vuelve más práctico porque cuentas ya con la experiencia de ser padre, de ser familia, de saber que los cuidados de ese pequeño son más llevaderos siempre entre dos. Es tarea indispensable estar atento en todo momento, la llegada de un nuevo bebé transforma las rutinas de vida, de la casa y de todos los que ahí habitan, incluidas las mascotas.

Los amigos cercanos, familiares e inclusive los vecinos siempre tendrán a bien aconsejar a la pareja próxima a tener un bebé. Tópicos selectos como: duerman mucho, la vida ya no será igual, disfrútense como pareja mientras puedan, pobre del perro (gato, perico o pez), ya nadie le hará caso; sáquenle bien el aire, arrópenlo, tápenle la cabeza y, si salen, pónganle algo rojo, por aquello de la mala vibra…

Como futuros padres, lo último que se busca es vivir agobiado por si se cumple o no con el decálogo de las abuelas, quienes, dicho sea de paso, además de ser madres, fueron tías y, si la vida ha sido generosa con ellas, el futuro bebé podría ser uno más de los nietos. ¡Advertencia! si es el primero, tomen sus precauciones.

Ser padres es un viaje maravilloso, por supuesto que habrá días buenos y no tan buenos, malos y muy malos; pero eso, es completamente normal. Por mucho que investigues y te aconsejen, los momentos de la verdad ante la llegada de un bebé, se vuelven retos de uno a uno. Los seres humanos, por condiciones naturales, estamos preparados para sobrevivir, para criar, para proteger, para educar y para trasmitir nuestra esencia a nuevas generaciones. Disfrutar del efímero momento dependerá de nuestra disposición, empeño y cariño con el que asumamos nuestro nuevo rol.

Bruno, de tan solo un año con siete meses, llegó a casa para confirmar la alegría de vivir en familia. Desde su nacimiento, cada uno de nosotros hemos asumido roles diferentes en torno al más pequeño de nuestra familia nuclear.

Jose Carlos, el hermano mayor, desempeña de manera excepcional su rol de guía, de amigo incondicional. Olivia, con su inquieta y maravillosa chispa, contagia al pequeño para ser un pícaro y asumir con ligereza las adversidades de la vida. Gaby es una líder incansable, atenta de los tres niños en conjunto y de cada uno en particular; además de ser madre, es una esposa maravillosa y el cimiento más firme de nuestro hogar. En mi caso, como padre, tengo el rol del vigía, de guardián, de amigo y de cómplice: pero el rol que más disfruto, es el del superhéroe, espero que la vida me permita seguir disfrutando de ese rol por muchos años más, es padrísimo que tus hijos sepan que estás ahí por y para ellos.

Ya con la familia completa, en una recopilación de anécdotas, Gaby y yo nos hemos dado a la tarea de recordar algunas palabras que han caracterizado a nuestros hijos y que, al menos para nosotros, representan parte de las experiencias más hermosas de nuestra vida.

Jose utilizaba una palabra cuya fonética es “shalta”, la empleaba para describir momentos felices, con un baile muy particular y generalmente, acompañado de música. El término y su tropicalización se referían a una canción infantil que repetía la palabra “salta”. Él se apropió de la palabra y la expresaba con mucha simpatía.

Olivia siempre rompe los esquemas, mientras los niños pequeños utilizan la palabra “agua” para referirse a alguna bebida (generalmente la leche), Olivia, con su encanto, utilizaba esa palabra todo el día, para todo y para nada. La idea era captar nuestra atención y hacerse notar. Variaba de tono, de ritmo y, sobre todo, de significado.

Bruno, quien a su corta edad acompaña a sus hermanos a las clases de futbol, desde que inicia el día busca una pelota, la señala, la patea y se refiere a ella bajo el término “col”. Su significado trasciende al simple gol, para nuestro hijo más pequeño, esa palabra, misma que ha acuñado, representa toda una disciplina y marco de referencia conceptual.

Cada día que pasa y conforme esos pequeños maduran, adquieren nuevos conocimientos y poco a poco van hilvanando palabras que les permiten expresarse de manera más puntual; esas palabras cargadas de significados según sea el contexto, van siendo herramientas para que los pequeños logren establecer su propio juicio y entablar conversaciones.

El aprendizaje significativo ante esta reflexión versa en la irrepetible oportunidad que tenemos los padres de ir descifrando lo que los pequeños quieren expresar, en ocasiones, sus palabras no son más que imitaciones de sonidos que ellos van relacionando con objetos, sucesos o personas. Disfrutemos de esos instantes, no dejemos de maravillarnos del desarrollo humano, seamos testigos de las expresiones básicas y simples de la vida; al final de recorrido, serán esos momentos los que nunca olvidaremos.

Sobre el autor:

Juan Carlos Herrera Fernández

Observador nato

Potosino de origen y jarocho por convicción. Esposo y padre, hombre de familia que procura aprovechar al máximo el tiempo que le deja la noble labor de formar profesionales de la Comunicación. Director de facultad, empresario y catedrático universitario de pregrado y postgrado. Observador nato y estratega apasionado. Perseguidor de la felicidad en cualquiera de sus manifestaciones.

Website Security Test