Palabras tristes… que en mi mente vivían

Cultura

2 de Abril de 2017

Por Joaquín E. Espinosa


La importancia de las palabras es fundamental en el proceso de aprendizaje del ser humano. Aprehendemos conceptualizando a través del lenguaje, que es a su vez manifestación concreta de los símbolos por los cuales nos representamos, ya sea en materia intelectual (las enseñanzas académicas que adquirimos) o asimismo en el nivel de lo cultural, donde la música popular es uno de los mayores referentes de que se nutre la mente.

Todos hemos gozado, sufrido, llorado y disfrutado con canciones que nos evoca un amor perdido, un recuerdo de la infancia o momentos de intensa dicha en nuestras vidas. En ese contexto, se pueden referir ciertos números que han servido como pretexto para crear pequeñas obras maestras de diversos géneros, que quiero comentar en esta ocasión. Vayamos en el más arbitrario de los órdenes: el numérico.

UNO. “Uno busca lleno de esperanzas el camino que los sueños prometieron a sus ansias” cantó Hugo del Carril, el segundo de a bordo en la época de oro del tango (sólo después de Carlos Gardel). Sentimiento, desesperación y sufrimiento inigualables quedan de manifiesto en esta melodía que podría considerarse como una de las más notables del género. “Si yo tuviera un corazón”, “si olvidara a la que ayer lo destrozó”; descarnada y poderosa sentencia que ha arrancado lagrimones a miles de personas desde 1943, y que perdurará por mucho tiempo aún.

DOS. “Dos, somos dos, sólo dos, al sentir un amor de verdad en el corazón”, en el sentido opuesto, nos recitaba en sus buenos tiempos José José, y con ello enamoró a más de una pareja de la década de los 70. Un cantante imperdible en toda noche de bohemia, cuyos incontables éxitos sirven para desahogar el alma amante o el corazón abandonado. Nadie puede asegurar no haber pedido en alguna borrachera “La nave del olvido”, “Gotas de fuego”, “Almohada”, “Amar y querer” para cantar a grito pelado, y poder expiar el sufrimiento o dicha que nos provoca “lo pasado pasado”, simple y sencillamente por “el amor que a mí ha llegado”, desde Puebla, o cualquier estado.

TRES. El amor y los sentimientos no son interesados, pero es cierto que dar siempre va encadenado a él. A veces “sólo basta una sonrisa para hacer tres regalos: el cielo, la luna y el mar”, y poco más por alguien por quien se entregaría la vida entera. Los Dandy’s, un trío romántico de mitades del siglo pasado, llenó de romanticismo con su “Gema” y muchos éxitos más hacia el año de 1958, del mismo modo que otros como Los Tres Ases, Los Tecolines, Los Panchos se encargaron de ligar parejas, prometiendo a la persona amada “alma, corazón y vida; alma para conquistarte, corazón para quererte y vida para vivirla junto a ti”.

CUATRO. Los tiempos cambian, y el concepto de romance y amor da virajes agresivos y contundentes. Sin embargo, pensar que actualmente se dedique una canción a “cuatro beibis” es deprimente. El muy mediático y actual Maluma nombra así una de sus joyitas “musicales”: “estoy enamorado de cuatro beibis, siempre me dan lo que quiero; chingan cuando yo les digo, ninguna me pone pero”. Ni todos los poemas musicalizados mencionados arriba, ni muchas de las melodías que vendrán, pueden llegar a tocar tan profundamente las hondas fibras que estas palabras toca, provocando mariposas en el estómago; pero no de esas que enamoran, sino de las que causan nausea, vómito y desazón.

Las palabras, concatenadas y en un acomodo suficientemente adecuado, pueden producir prodigios del tamaño de los aquí presentados (con la última excepción). Prodigiosas obras maestras que nos quedarán por siempre en el alma, y que, cual palabras tristes, “en nuestra mente vivirán”. Los tiempos de los Yonics, de Sinatra y de Gardel han pasado, y de ello es muestra la declaración que apenas hizo Pablo Milanés: “la música popular está en una fuerte crisis, que pone en peligro su existencia”; sin embargo siempre quedarán los viejos temas que van a pervivir. A ellos debemos aferrarnos, y consumirlas, como consumimos las mejores obras que las letras nos dan, las mejores palabras, también la mejor música que podamos, respetando, por supuesto, que “si a ti te gusta el reguetón, dale”.

Mejor vayamos a esta linda melodía, cuyo estribillo retomamos para nombrar este texto: “Palabras tristes”, los Yonics.

 

Sobre el autor:

Joaquín E. Espinosa

Historiador

Historiador dedicado a la política y el ejército del siglo XIX mexicano. Difusor y amante de la historia, del tango y del cine de la época de oro. Independentólogo creyente en la paternidad de la patria de Agustín de Iturbide.
Profesor y aprendiz de la ciencia histórica.
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