Posibilidades infinitas

Otras Minucias

12 de Mayo de 2017

Por Monserrat Ramírez

Cada vez que alguien se sumerge en una nueva realidad a través de un texto, una estrella se enciende en el cielo, y esto se debe a la ilusión que emerge y reflejamos a través de nuestros ojos cuando compartimos dicha experiencia.

De esta manera, los cuerpos celestes nos recuerdan que hay algo más allá de lo terrenal, algo insólito que podemos relacionar, encontrar o inventar a través de las letras; palabras en fila adentro de libros, recetas de cocina e incluso aquellos recados que dejamos olvidados para reencontrarnos con ellos y sonreír ante la posibilidad de revivir lo que pensábamos perdido.

Sólo cuando la respiración se agita en un verso, comienza el brillo; cuando nos agitamos para leer y no sabemos cómo hemos hecho para atravesar todo el mundo montados en un globo aerostático o al haber hecho de una fotografía el minuto más extenso, distribuido en 360 páginas.

Cuando las piernas se sienten hormigueantes de amor y las manos tocan paraísos de alcanfor, la verdad se infiltra en nuestros cuerpos y seguimos leyendo, nos enfrentamos ante números abstractos que detonan realidades infinitas, causando distracción momentánea bajo el mapa del destino y unos cuantos desatinos.

Las letras se siguen mezclando, cuando hacen el amor surgen poemas, al hacerlo con pasión desata feromonas de excitación y se censuran los versos. Mientras que la frialdad del compromiso se destila a través de palabras que terminan con textos de desamor, mientras las lágrimas caen en las hojas del papel, borrando lo que alguna vez quiso decir el autor, aunque al final, nos encarguemos de recrear cada pasaje del sino.

Al leer, salimos de nuestro cuerpo, nos convertimos en alguien más, componemos versos y posibilidades infinitas. No se necesita leer de corrido, podríamos saltarnos páginas, luchar contra alguna nueva bestia que se lea entre líneas y descubrir el secreto de la humanidad en un ejemplar dentro de una librería de viejo.

Aquí seguimos, absorbiendo lo que somos, millones de palabras compartidas, leídas escritas.

No hay que olvidar que leer y escribir son actos de fe, nos entregamos y nos perdemos ante la anomalía de consolidar pequeñas anécdotas, tan reales como nuestro cuerpo, tan pasionales como nuestros sueños.

Habrá que proliferar esta acción, si ya leemos por todas partes, recrearnos en todos lugares, alimenta nuestro espíritu y da fortaleza a aquello que llamamos erróneamente vida.

Sólo así, dejamos que lo infinito prosiga y nos conecte en las posibilidades que creamos mientras estamos leyendo.

Sobre el autor:

Monserrat Ramírez

Gestora cultural

Gestora cultural, comunicóloga, amante del arte y de las letras, enamorada por naturaleza, le interesa el marketing cultural, y andar contando historias que vuelvan de este planeta algo más ameno. A veces se confunde entre realidad y ficción, pero continúa en la búsqueda de ese equilibrio a través de la escritura.

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