Los cerros todavía son azules

Cultura

26 de Mayo de 2017

Por Luis F. Gallardo


El 28 de abril murió Jorge López Paez, un buen escritor veracruzano. Hizo mal en morir en plenos festejos rulfianos porque aunque recibió alguna atención mediática, y artículos de amigos un día después y la semana de su muerte, en general a un mes de su fallecimiento la fastuosa y odiada niebla –odiada por López Paez –cultural lo ha diluido entre sus sombras. Que mejor homenaje para recordar al maestro universitario Jorge López Paez que leer sus libros. Y yo recomiendo “Los Cerros Azules”.

Recuerdo muy bien que aquellos días en que se publicó la novela un suplemento cultural dominical le dedicó una plana completa a la entrevista con el escritor. No recuerdo qué suplemento. Ya la memoria no me da para tanto, podía ser el Nacional que yo leía devotamente por su sección cultural, o La Jornada pues coleccionaba los monos geniales de los domingos de aquella época y la formidable revista semanal de la que todavía conservo algunos números.

Y me llamó mucho la atención la entrevista pues el periodista le preguntaba al escritor porque se llamaba la novela “Los cerros azules” y él contestó simplemente: Bueno, porque son azules.

Yo no sabía del escritor y su malicia en ese momento, pero esta respuesta me pareció bastante genial, y todavía me lo parece. López Paez no era el escritor que echara choros inteligibles, pero si profundo. En general las cosas son como las percibimos y no como son. Dicho de otro modo la sustancia de la vida cotidiana radica realmente en las cosas como parecen y no en las cosas como son, y esto es muy fácil de demostrar. Es la tragedia de la vida. Para Emile Bovary, Emma era la mujer más santa y perfecta que hubiese conocido, y ni siquiera si hubiera leído la novela habría creído todas las cosas que Emma hizo a sus espaldas y a sus frentes. Bueno pero así funciona el amor, la imagen que tenemos muchas veces difiere de la realidad y luego nos aplasta o nos abofetea. Hace algunos años el padre Maciel era no menos que un santo, y seguramente lo hubieran beatificado si no se supiera lo que se sabe hoy. Parecer es tanto más importante que ser. Aunque a veces lo que es, se intuye, la verdad y la realidad se cuelan, apestan. Y pues de esto precisamente tratan los cerros azules.

Leí la novela de López Paez y como ocurre cuando lees algo que te entusiasma tenía muchas ganas de comentarla con alguien, pero no encontré a nadie que la hubiera leído. Le comenté de ella a mi amigo el Dr. Antonio Avitia Hernández, especialista en corrido histórico y en Cristiada, ya que en la novela hay una masacre cristera. Transcurre en un pueblo de Veracruz de esa época. Antonio solo me dijo que no hubo tropas cristeras en Veracruz. Seguramente no, no me refería a tropas sino a un evento de bandos divididos por el conflicto federal, entre los que defendían al padre de la iglesia del pueblo y los gobiernistas (priistas de todos los días), de pronto eso terminaba como muchas veces termina en Veracruz, a balazos y machetazos.

En una gran secuencia de hechos llena de cuadros dantescos y por cierto de lo más memorable de la novela, pues el protagonista es un joven médico recién egresado que ha vuelto a su pueblo, dos doctores, entre ellos este joven que no da crédito al salvajismo, dan atención serial a una enorme multitud de víctimas. Amputando, cercenando, drenando, cosiendo, en una cruzada desesperada de atención médica que, conociendo nuestro país, seguramente López Paez extrajo de la realidad. Y no ha cambiado nada. Que haya un solo servicio médico en un pueblo mexicano o que no haya ninguno en absoluto, sino hasta el pueblo vecino: eso es México, en los años veinte del siglo XX y en 2017.

Qué poco ha cambiado el país en 100 años.

Pero la novela realmente se centra en el descubrimiento y evolución de la homosexualidad del protagonista. Llena de notables episodios homoeróticos, debe vivir su homosexualidad en las sombras, bajo la densa niebla que asola al pueblo permanentemente y que le impide a nadie percibir siquiera el final de la calle. Esa niebla que es al mismo tiempo la niebla moral de todo pueblo mexicano, densa y siempre nubosa, en el que la gente se comienza a extrañar de que un joven médico soltero y buen partido no se decida a casarse, que se dedique a la bebida y que pase sus días en el prostíbulo (la coartada perfecta para exhibir una presunta virilidad heterosexual), cuyo amante y conductor por las sendas de la sexualidad es un distinguido padre de familia. Ni más ni menos que el médico del pueblo, quién lo induce a las drogas y al placer sexual. Lo que se aparenta y lo que es.

Notable pintura de la provincia mexicana, que mantiene vigencia, tratando temas de gran modernidad como la violencia irracional, con su alta dosis de muertos y el hieratismo moral, la hipocresía, la atrofia de la sociedad mexicana de aquel entonces y la homosexualidad ejercida en el closet de la conciencia. Ambientada en los años veinte del siglo XX, como dije antes quizá es el mismo México de cien años después. De hoy. Porque los cerros todavía son azules.

PD. A Jorge López Paez le dedicamos un programa de la Serie Maestros Detrás de las Ideas que yo tuve la fortuna de escribir. En este programa podrán conocer mejor al maestro veracruzano Jorge López Paez. Se los comparto.

 

 

Sobre el autor:

Luis F. Gallardo

Escritor

Amante del cine, los comics, la literatura, el Quijote, y la vida académica. Nació en la ciudad de México un 5 de Mayo de 1975. Pertenece a la generación 1996 del CUEC, donde estudio la carrera de Cinematografía. Y a la misma generación de la carrera de Letras Hispánicas que cursó en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Se especializa en  guiones de televisión cultural y educativa. Su serie de televisión “Maestros Detrás de las Ideas” obtuvo el Premio Nacional de Periodismo 2009. La serie ha estado al aire por más de 11 años, por la señal de TVUNAM y de otras cadenas de televisión educativa mexicana y mundial, de habla hispana.

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