La caja de música

Otras Minucias

15 de Junio de 2017

Por Mario Marentes

Detrás del bullicio cotidiano de los transeúntes y la algarabía producida por decenas de puestos de comercio informal, se esconde uno de los logros arquitectónicos más preciados de la Ciudad de México. La antigua y abandonada Posada del Sol fue en mejores tiempos, un desarrollo hotelero que se había proyectado para alcanzar los más altos estándares de calidad en el mundo de 1945. Aquel edificio permanecía en pie, dotado con el correr de los años con un aura de melancolía y misterio que la había convertido en un lugar aún más interesante.

Una mañana de julio retumbó el golpeteo metálico de la entrada del edificio, el cual ya había sido olvidado por el mundo moderno y por ello era raro que alguien tocara el portón principal para querer entrar.

  • -  ¿Quién?.- preguntó Doña Ágata, la portera del turno matutino, quien se encargaba de barrer la entrada y mantener limpio el patio principal.

  • -  Soy Óscar, el poli que da sus rondines por la colonia, mire le muestro mi placa por el visor de la puerta.

  • -  Bueno oficial ¿y qué quiere?.- la vieja no pensaba dejarlo pasar, le habían dado órdenes estrictas de no permitir el acceso a nadie.- por favor retírese, tengo que trabajar.

  • -  No, no, no por favor no se vaya.- se escuchaba algo desesperado aquel hombre.- vengo con Mr. Smith y unos colegas suyos. Vinieron desde muy lejos para poder admirar el edificio, son arquitectos de Inglaterra. Tenemos permiso de la delegación.

  • -  Voy a hablar por teléfono con mi jefa, necesito verificar algunas cosas ¿le parece bien?

    El oficial contestó algo que no se entendió por encima de la reja, pero la vieja supuso que no se iría. Entró a su pequeña oficina improvisada, atiborrada de los libros que habían pertenecido a la colección del antiguo hotel. En un principio esa fue una de las razones por las que aceptó el trabajo, aquel pequeño oasis de silencio, era el lugar perfecto para leer en sus ratos de descanso.

  • -  Buenas tardes licenciada Jimenez, unos señores de Europa quieren entrar con un oficial al edificio, dicen que tienen permiso de ustedes ¿es cierto?

  • -  ¡Ah si! disculpe Ágata, se me olvidó avisarle. No se preocupe, déjelos pasar.

    Después de aquella conversación profesional e impersonal, se dirigió a abrir el portón oxidado de la propiedad para dejar pasar a aquel grupo de curiosos.

    - Gracias por permitirnos entrar, mire ellos vienen de Londres, están muy interesados en conocer el edificio. No se preocupe por el idioma, el jefe su grupo entiende el español.

    Un tipo largo y flemático se presentó ante la conserje del lugar, con un acento muy educado presentó a sus compañeros.
    Los 5 arquitectos ingleses eran muy similares físicamente, todos eran altos, delgados y con rostros sonrosados. Aquellas facciones agradables se veían endurecidas por unos semblantes serios, calculadores y fríos, pero que a pesar de todo eran sumamente cordiales.

- Bien, pues veamos si recuerdo lo que me han contado sobre este grandioso edificio... ¡Ah sí! miren fue construido con los más finos materiales, ideado por un visionario que además tuvo un puesto muy influyente en el gobierno de la ciudad. Mi padre que en paz descanse, trabajó de albañil aquí mismo. Me llegó a contar que el arquitecto supervisaba cada detalle, incluso decían que medía la exactitud con el que eran colocados los mosaicos del baño.

Mientras la vieja iba contando lo que sabía, los turistas permanecían con un rostro imperturbable; solo el policía se veía algo afectado por aquel relato.

- Muchas historias se dicen de este lugar, algunas muy lamentables y sangrientas, otras en las que se habla de traición e incluso las hay con fantasmas. Y miren, les voy a decir una cosa, que en el poco tiempo que llevo trabajando aquí, debo reconocer que todo eso es...completamente cierto y es que un edificio tan grande es capaz de albergar muchas realidades ¿no creen?

El arquitecto principal le dio las gracias por aquel relato, con un tono de voz metálico, pero le pidió amablemente que ellos habían venido a observar el edificio, particularmente la sala de conciertos.

- Lamento decirles que por el momento no podrán conocer el interior de la posada, ya que un grupo de ingenieros de Protección Civil impidieron el acceso por cuestiones de seguridad. La sala de conciertos toca al mediodía ¿qué les parece si damos un paseo por el jardín mientras esperan?

Visiblemente desconcertados por aquel comentario, el séquito de arquitectos se preguntó si su guía estaba lúcida, a pesar de todo no pensaban irse con las manos vacías, así que esperaron.

Les hizo caminar por el patio interior, al cual caían rayos filtrados por los viejos vitrales de las habitaciones, lo que le daba al interior un aspecto hipnóticamente colorido. Aquel espectáculo luminoso se acompañaba de un seductor aroma floral.

Después de esperar un poco, mientras admiraban el interior imponente de aquella obra arquitectónica sucedió el prodigio. Como si se tratara de un enorme instrumento, el viento que entraba a la antigua Posada del Sol producía una melodía dulcemente triste.

- ¿Lo escuchan? este edificio fue tan meticulosamente construido que incluso se pensó en la ruina de la obra, esto no se podía escuchar cuando estaba lleno y con vida.

La melodía era hipnótica, por unos minutos los visitantes entraron en lo más profundo y oscuro de su propio ser. Después de aquel concierto, los arquitectos visiblemente conmovidos, le dieron las gracias a la señora por permitirles el acceso y se dispusieron a salir.

- Creo que después de todo, no tiene porque quedar un silencio al final de todo ¿o no Doña Ágata?.- el oficial Óscar se detuvo para dirigirle aquellas palabras a la vieja antes de despedirse.

El resto del día la vieja siguió haciendo su trabajo tranquilamente, mientras el edificio la acompañaba con su silbido melancólico...

Sobre el autor:

Mario Marentes

Ciudadano con derecho al voto

Mexicano que gusta beber de un buen tarro de cerveza oscura, mientras ve como el atardecer enciende brevemente el contorno del horizonte.
También le agrada ver películas en blanco y negro e imaginarse la historia de las personas que ve pasar en las calles de la Ciudad de México.