Poesía para todos

Otras Minucias

16 de Julio de 2017

Por Monserrat Ramírez

Hace unos días he tenido la preocupación de comenzar a idear técnicas para transmitir la poesía a niños, a jóvenes y a adultos, un método transversal que logre unir puntos en común que nos conforman como personas y nos permiten ver más allá de lo impuesto por las distintas instituciones, ya sea por la familia, escuela, o medios de comunicación.

Los cuentos son prioritarios, también los sonidos y toda seña que nos deje recordar que existe ese otro mundo que sin exponerse, vive en cada uno de nosotros cuando creemos en la posibilidad, evitando la negación y dejando abiertas puertas en las que dejamos libre a nuestra curiosidad y nos volvemos parte de nuestra imaginación, más allá de sólo darle rienda suelta –como a veces decimos-.

La poesía nos hace conscientes de las palabras, de los sonidos y la potencia de cada sílaba, el decir o proclamar algo, se vuelve real de una u otra forma, ya que la razón verdadera por la que se pronuncia, se deja entre ver a través de las cuerdas vocales o bien, a través de señales con las manos que salen del corazón, procreando así mensajes universales.

Habrá que mostrar a los niños lo sagrado del lenguaje, inculcarles que saber más de uno significa involucrarnos en millones de años de sabiduría y en la evolución de las costumbres y tradiciones hasta llegar a dónde estamos, compartiendo y conociendo lo que el otro nos permite ver.

¿Dónde encontrar la poesía? ¡En todos lados! En la calle, en el cielo, en los tenis que usa, en la chamarra y en el sonido de su cierre, en el calor de mamá, en el ¡buenos días! de los vecinos o de la persona que vende tacos en la esquina.

Aprender a compartir esos detalles con los seres que nos rodean, también nos enseñarán a promover lo que acontece desde nuestros adentros

¡Tanta falta que nos hace decir lo que realmente sentimos!

Hemos dejado de ver a los ojos cuando hablamos y ahí es donde la poesía hace su magia, cuando dos seres brillan y se reflejan en el otro, cuando los seres humanos se reconocen como tal y dejan a un lado sus vestimentas llenas de ideologías y falsas sabidurías.

Claro, explicar todo esto a los niños resulta demasiado difícil, ya que comienzan un sinfín de versos que terminan en un lugar extraño y de repente ya se durmieron o nos observan con cara de perplejidad y de burla; es más, hay algunos adultos que han perdido conexión con su niño interno y no se permiten ser sensibles ante actos poéticos, pasándolos desapercibidos o simplemente evadiéndolos.

No es una tarea sencilla, no obstante, este texto es una invitación a proclamar en alto la poesía, los actos poéticos y el azar de los versos en todas partes, para que nunca falte y para que todos nos concibamos como arte.

 

Sobre el autor:

Monserrat Ramírez

Gestora cultural

Gestora cultural, comunicóloga, amante del arte y de las letras, enamorada por naturaleza, le interesa el marketing cultural, y andar contando historias que vuelvan de este planeta algo más ameno. A veces se confunde entre realidad y ficción, pero continúa en la búsqueda de ese equilibrio a través de la escritura.