Las batallas del desconcierto

Otras Minucias

16 de Julio de 2017

Por Emilia Sinclair

Últimamente mucha gente me pregunta sobre mi sentir cuando supe que estaba embarazada. A decir verdad, yo no fui la primera en enterarme, pues mi mejor amiga me acompañó ese día y me dijo que ella amablemente leería el resultado, mientras estaba yo más nerviosa que Andrés Manuel viendo los resultados electorales. Jamás olvidaré esa expresión cuando abrió el sobre donde venía el desenlace del sufrimiento y ansiedad de ambas. Suavemente me susurró: “¡estúpida, es positivo, idiota!”, acompañado de un “wey, ¿te vas a desmayar?”. A la fecha, no le he preguntado qué cara puse, aunque me imagino no fue nada parecida a la de las princesas cuando se despiertan y los árboles y aves les cantan.

Después de comer tres bolillos duros por eso de que el migajón “recoge” el susto, vi toda mi vida pasar frente a mis ojos, como película dramática, pensando en todos los pros y contras de la resolución que cambiaría para siempre mi historia. Desde el principio supe que estaría sola y que sería un tanto compleja la situación, pero no imposible obviamente, dado que he visto casos y casos de mujeres que solas crían a uno, dos o más hijos y sin problemas mayores. Hasta pienso que tengo cierta ventaja, porque no voy a batallar con otra persona a ver si le quiere dar pensión, o si la quiere ver, o “es que dice mi mamá que así no es”, “te prometo que para la que sigue yo sí la cuido” y cosas por el estilo que sólo desgastan, a mi manera de ver las cosas.

Siempre he sido de la idea de que no hay que vanagloriar a las mujeres que son supuestamente madre y padre a la vez, dado que, al fin y al cabo, ellas decidieron tener a los hijos sabiendo de antemano quién sería el procreador y conociendo todas las consecuencias que lleva una decisión de ese grado. No se puede ser padre y madre a la vez, sea cual sea el caso, porque cada integrante del núcleo familiar cumple una función específica y no se puede suplir. Considero que debemos aprender que hay diferentes tipos de familias y el que no tengan un integrante, no las hace menos o más funcionales, después de todo, TODAS las familias son disfuncionales. En lo que respecta al panorama propio, decidí formar mi pequeña familia porque esos latiditos tan fuertes tenían una razón de ser y después de saber eso, no me permitiría ni a mí ni a nadie, hacerle algo que atentara contra su integridad de pequeño ser humano que aún no siente, pero yo sé que vive en mí.

El siguiente paso fue enterar de mi decisión a toda mi familia, mis amigos, conocidos, gente que tengo agregada en el feis para que me pasen vidas en Candy Crush, clientes, proveedores, y tres hojas de etcétera, porque fue una noticia que a mí me puso muy feliz y, aunque llena de incertidumbre e inseguridad, sé perfectamente que fue lo mejor para ambas (bueno, en ese tiempo no sabía que era una nena). Ahora sé que, gracias a este tipo de acontecimientos, comprendes quién de verdad estará y quién no. Evidentemente los primeros en irse fueron aquellos que te decían te querían mucho después de unas cuantas copas y que por infortunio eran los que más tenías arraigados en el corazón; caso contrario, los que nunca pensaste, fueron los que se emocionaron contigo y te tendieron esa mano que ahora valoras más que nunca. Por supuesto, no podía faltar la típica pregunta: “oye, ¿pero sí sabes de quién es?”. Lo único que me quedaba era contestar sarcásticamente “pues espero que no me pase como en Qué Culpa Tiene el Niño, que le estoy echando la culpa a uno y resulta ser de otro”, porque la gente que no tiene otra cosa qué hacer más que meterse en la vida de los demás, vive preocupada por el desenvolvimiento de su comunidad, de cómo visten, qué fuman, qué comen, en qué se gastan el dinero, pero nunca en cómo le hacen para conseguir todo eso, si les hace falta algo, si están bien, si pueden ayudar. En fin…

He de confesar que me salió el instinto maternal demasiado pronto. Mis amigos me platicaban sus anécdotas y yo estaba infartada diciéndoles por favor cuídate, no andes en malos pasos, hazle caso a tu mamá, ponte suéter, cuando hace menos de un año estaba yo haciendo las mismas hazañas. Yo que decía que eso jamás me iba a pasar, que era una pérdida de tiempo, que necesitaba lograr otras cosas en cuestiones materiales y profesionales. Me cayó lo que escupí para arriba. Entiendo ahora que los tiempos son perfectos, que María llegó cuando debía ser porque llegó a salvarme y a obligarme de cierta manera, a replantearme el modo en el que estaba llevando mi vida y reconsiderar si eso era lo que realmente quería para el final de mis días. Hija, si algún día lees esto, mil gracias.

Cuando las personas con las que convives se dan cuenta que serás mamá sola, te felicitan y te compadecen, lanzando cumplidos tan bonitos como “ay, ojalá sea niño para que tengas a alguien que te cuide y te proteja, por eso de que vas a ser sola”, “fíjate que te veo más con un niño porque no eres muy femenina, entonces, ¿qué le vas a enseñar?, ¿a ser como tú?”. Micromachismos. Y no es que yo sea muy feminista, pero considero importante educar a los monstruos sin ese arquetipo de que el hombre es protector y la mujer indefensa, explicarles que no somos iguales, pero sí se puede llegar a un acuerdo de equidad entre todos para convivir en armonía y paz. El día que me enteré estaba esperando una nena, me emocioné muchísimo porque al menos yo también tengo vagina y sé cómo poder manejarla a diferencia de un pene, que no tengo idea cómo funciona.

Conforme fueron pasando los meses, me enteré que varias de mis amigas/conocidas, también serían mamás y pensé ¡genial!, María tendrá su gang, su pandilla, su banda, su clicka, y al menos esa parte del hermanito ya está subsanada porque sé de sobra que no tendrá. Hay dos bebés con los que llevará una diferencia de DÍAS y estaría yo encantada que fueran amiguitos para toda la vida. Insisto, las cosas se van acomodando poco a poco, y ella llegó en el momento preciso.

La parte de la educación es la cual aún me causa un poco de ruido y temor. Sé cómo quiero educarla, pero también sé que ella en algún momento formará su propio criterio y me empezará a cuestionar. He visto a los niños de ahora y para ellos nosotros los papás (ahora me incluyo), somos unos pendejos por no saber utilizar la tecnología y también somos unos pendejos para nuestros padres porque no sabemos hacer nada bien. En pocas palabras, somos un sándwich de pendejos y quedamos al frente como si fuéramos unos inútiles que nunca han medido la consecuencia de sus actos. Que sí hay algo de cierto. Sólo espero que dentro mi pendejez la sepa guiar para que sea un ser humano humilde, honesto, responsable y culto, visionario en ayudar al prójimo y amante del buen gusto.

También he notado que se piensa que una como embarazada en automático debe cambiar la forma de ser pues estás en la etapa del milagro de la vida y es imposible que veas las cosas con humor negro porque tener un hijo es lo más maravilloso del mundo. Claro que es lo más maravilloso, pero no por eso debemos perder la esencia. Amo profundamente a mi bebé, pero eso no quitará que haga comentarios con humor negro y no es para destruir su autoestima, al contrario, para que, en la medida de los posible, nada la lastime, como dice el gran Tyrion Lannister: “Nunca olvides lo que eres. El resto del mundo no lo hará. Llévalo como una armadura y nunca podrá ser utilizado para hacerte daño”.

En mi experiencia como mamá luchona primeriza, puedo decir que con altibajos e incertidumbres, dudas y alegrías, amor e indiferencia, ha sido la mejor experiencia que he tenido hasta el momento. Me tragué mis palabras, de esas veces que decía que no quería tener hijos y el universo, en su infinita sabiduría me dijo ha- ha (léase en tono Nelson), porque quiso darme esa oportunidad la cual me ha cambiado el panorama por completo. Ya no odiaré a todo el mundo, ahora tendremos que salir y combatir lo que no nos parece para dejar algo mejor a esos monstruos que, no sabré si sean rebeldes o malagradecidos, pero sí sé que son un buen impulso para que te den ganas de hacer lo que en tus tiempos de juventud creías utópico. Hay que darles las gracias.

 

 

Sobre el autor:

Emilia Sinclair

Espía

Agente del caos. Antihéroe mexica librando batallas contra enemigos que devastan y perjudican la justicia y paz mental. En una ocasión tuve un amor pero no recuerdo donde lo dejé por cuidar mi trago de whisky. 

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