Volver a la vida

Otras Minucias

3 de Septiembre de 2017

Por Monse Rivera


¿Se han puesto a pensar en la belleza que se esconde tras cada momento? En cada instante de nuestras vidas, ya sea que parezca bueno o malo, hay cierta forma de belleza. No obstante, algunas veces puede resultar difícil percatarnos de su presencia.

Hace unas semanas estaba en una minivan en medio de la carretera que conecta Ollantaytambo con Cusco. Era aproximadamente la una de la madrugada. Había pasado un día increíble con mis amigos cerca de la ciudad imperial del Perú y ahora estábamos dormitando en los semi acolchados asientos del vehículo. Escuchaba una de mis canciones favoritas, con los audífonos puestos y viendo el oscuro paisaje montañoso a través de la ventana que estaba inmediatamente a mi costado izquierdo. Entonces decidí reclinar mi asiento un poco como el resto de los allí presentes y lo que vi me dejó inmediatamente sin aliento.

Trataré de describírselos, aunque creo que por esta vez las palabras no son suficientes. En primera instancia, se podía ver a lo lejos que estábamos rodeados por montañas de diferentes tamaños: unas más altas, unas más bajas, unas más anchas, unas más angostas. También había vegetación por todos lados, aunque sólo podía ver la silueta de todo esto dada la evidente oscuridad de las primeras horas de la madrugada. Y justo arriba de nosotros, abarcando un espacio de casi 180 grados, estaba el cielo estrellado más hermoso que jamás había visto. Se trataba de un mágico tapiz con dichos cuerpos celestes en diferentes tamaños y luminosidades, colocados sobre una mezcla de color negro, azul y morado. Era como estar sumergido en el espacio exterior.

Era tan magnífico e imponente que me sentí abrumada y mi alma se recargó de felicidad. Fue como presenciar una obra teatral majestuosa en la que el cielo era el escenario y todas las estrellas compartían el protagonismo. Pasé aproximadamente una hora mirando ese maravilloso paisaje mientras pensaba en las cosas buenas y agradecía a Dios por la oportunidad de ver algo así, porque tenía salud, porque estaba viajando y creando experiencias con personas a las que quiero, porque había amor dentro y alrededor de mí, porque recordé que existían ocasiones como esas en las que todo lo malo del mundo se hace invisible por un rato y lo único que se manifiesta es la belleza del momento. Esa misma belleza de la que les hablé en un principio y que siempre está ahí, aunque algunas veces no se ve con tanta nitidez como otras. De pronto, comencé a percatarme de que mi corazón estaba bombeando lágrimas tibias hasta mis ojos y éstas se resbalaban por mis mejillas lentamente una a una hasta que me quedé profundamente dormida.

Ahora los cielos estrellados me encantan más que nunca. Ese fue un instante de mi vida en el que me sentí completa. Presencié la perfección y encontré el sentido con tan sólo reclinar mi asiento. Esa madrugada, en medio de la carretera que conecta Ollantaytambo con Cusco, volví a la vida.

 

Sobre el autor:

Monse Rivera

Estudiante de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación y locutora de radio. Escritora y dibujante por mero gusto. Ama viajar, leer y ver películas a blanco y negro. Habla español, inglés y francés. Su meta es especializarse en comunicación publicitaria y ha tomado cursos de Marketing.

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