Heredarás mi molcajete

Otras Minucias

10 de Septiembre de 2017

Por Monse Rivera


En la mitología azteca existe una poderosa diosa llamada Chantico o Cuauhxólotl, que en nahuátl significa “aquella que habita en el hogar”. Chantico es la diosa del fuego en cualquiera de sus manifestaciones: en un cerillo encendido, en los cuerpos celestes, en los volcanes y en nuestros corazones. En la época prehispánica, Chantico quería darle un regalo al hombre como gesto de su aprecio por venerar el fuego, especialmente el de los astros. Así pues, durante 30 días y 30 noches caminó de volcán a volcán, pasando desde el Popocatépetl hasta el Tacaná y en cada uno de ellos se detenía a sumergirse hasta lo más profundo y con sus propias manos extraía una especie de piedra volcánica a la que más tarde se le llamaría basalto. La diosa del fuego estaba determinada a darle un regalo especial al hombre y a pesar de que al principio había pensado que la piedra sería suficiente, después creyó que podría ser aún mejor. Por eso, tras pensarlo por varios días, decidió transformar dicha piedra en un objeto que no sólo fuera estético, sino también funcional.

Entonces Chantico tomó la piedra y la separó en cinco partes desiguales. Primero tomó la pieza más grande y la pulió hasta darle una forma cóncava; después, como se dio cuenta de que esa pieza no podía sostenerse por sí misma, tomó sólo tres de las piezas restantes y las colocó en la parte convexa de la pieza anterior, acomodándolas de tal forma que le diera mayor soporte. Estas tres piedras simbolizaban las tres piedras angulares con las que se construye cada hogar rústico, cada hogar en el que ella habitaba.

Finalmente, la diosa tomó entre sus manos la última pieza y de inmediato supo lo que haría con ella. La esculpió hasta crear un muñeco de piedra, ancho de una punta y angosto de la otra manteniendo todos los lados curvos, el cual regalaría al hombre junto con el resto de lo que había hecho, y dejaría que él decidiera la finalidad del mismo.

Así pues, un día Chantico se acercó al hombre y le hizo entrega de su regalo. El hombre, asombrado y agradecido al mismo tiempo, lo recibió gustoso. Apenas sus manos tocaron el obsequio, su mente se abrió de par en par y supo inmediatamente lo que haría con él para honrar a Chantico. Entonces procedió a ir por los granos y chiles más deliciosos que pudo hallar en sus tierras, se hincó, los colocó dentro de la gran piedra cóncava y comenzó a molerlos con la piedra restante. Al terminar, obtuvo la mezcla más deliciosa que había probado en siglos.

Así pues, en respuesta a lo que acababa de suceder, prosiguió a darle un nombre a su regalo. La base principal se llamaría “molcaxitl” y la más pequeña fue nombrada “texolotl”, que significaba “muñeco de piedra” en náhuatl.

Aún impactado por el majestuoso obsequio, el hombre decidió guardarlo en un lugar especial, un lugar que honrara la esencia de la diosa; así pues, eligió la cocina: el lugar en el que el fuego se manifiesta de manera más latente en los hogares.

Y así, estimado lector, es como nació el molcajete. El nombre original “molcaxitl” cambió, convirtiéndose en el que conocemos actualmente; aunque como dato curioso, la palabra molcajete sólo se refiere a la base cóncava con tres patas, y la piedra que usamos para moler recibe el nombre de tejolote.

Desde ese entonces, Chantico se manifiesta en las cocinas de todos los hogares mexicanos, no sólo por medio del fuego de la estufa, del encendedor, de la salsa; sino también a través del molcajete. Desde ese entonces la cocina fue considerada el corazón del hogar y desde entonces, el molcajete ha sido un símbolo de la cultura gastronómica mexicana; un utensilio que no puede faltar en ninguna cocina de México; y un regalo que le da la madre a su hija cuando contrae matrimonio y se va de la casa para formar su propio hogar, es decir, un regalo que le hereda con todo el corazón, así como un día la diosa Chantico se lo heredó al hombre.



Sobre el autor:

Monse Rivera

Estudiante de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación y locutora de radio. Escritora y dibujante por mero gusto. Ama viajar, leer y ver películas a blanco y negro. Habla español, inglés y francés. Su meta es especializarse en comunicación publicitaria y ha tomado cursos de Marketing.