El limosnero

Otras Minucias

10 de Septiembre de 2017

Por Mariana Pérez Gay Rossbach

Qué patética imagen. Qué patético se ve lamiendo la mugre de tus botas que embarras en el asfalto al caminar. Patética la manera en la que glorifica tus ojos y ríe a tu pobre intento de sentido del humor. Nefasta su risa forzada sin líneas de expresión en los ojos al sonreír. Me da lástima su mirada a tu rostro, el pobre brillo ingenuo de sus ojos… ¡Si supiera que se apagará por el soplido de tu propia boca!

Me da asco la manera en la que busca cualquier excusa para si quiera aproximarse a ti, como perro callejero rastreando olor a comida.

Limosnero de tu afecto. Vagabundo de tus placeres. ¡Qué desagradable imagen!

Es triste la manera en la que se torna cuenta cuentos, desprendiéndose de su persona y su propio ser, para que le escuches. Pero tú no escuchas su magia, sino los gemidos de un animal herido pidiendo clemencia, volteas el rostro. Aborrezco la manera en la que aplaudes su espectáculo con sonrisas lejanas. El limosnero te da mundo, y tú no le brindas nada. Ven amigo vagabundo, seamos repulsivos juntos; pues yo he caminado estas calles ya muchos años, alimentando mi cuerpo con residuos de batalla, nutriéndome con faltas e inconstancias. Ven, te diré el secreto de cómo ser sobreviviente de guerra.

Sobre el autor:

Mariana Pérez Gay Rossbach

Psicóloga y artista

Enamorada de los pequeños detalles, de los rincones y secretos. Sonriente a los juegos y el humor negro. Soñadora empedernida y enamorada de la vida. Lo demás lo celo y es mío.