Jesús no era de Veracruz

Cultura

16 de Septiembre de 2017

Por Juan Carlos Herrera Fernández

Una tradición, cualquiera que sea, siempre tendrá un origen. Cierto es que los mexicanos protegemos hasta la muerte aquellas que han forjado nuestra cultura, que nos distinguen de otros, que nos enorgullecen y nos otorgan identidad individual, pero, sobre todo, colectiva; con alcance internacional, nacional, regional, local e incluso, grupal y familiar.

En las áreas de comunicación estratégica y mercadotecnia nos topamos con el gran reto de la tropicalización, esa toma de decisiones tácticas, basadas en investigación profunda, que nos permite hacer ajustes a los modelos de negocio y conceptos que, bajo contextos determinados, han sido exitosos en alguna región geográfica y social y que, ese hecho, no garantiza el mismo impacto en otro lugar, con características diferentes, con tradiciones y culturas diversas. El reto implica adentrarse en las raíces donde descansa el origen de una civilización; encontrar los elementos clave para desarrollar una estrategia que nos permita ser empáticos con las personas que ahí residen, que nuestra oferta se adapte a su entorno y no al contrario; debemos tener la certeza de que los pasos que damos nos llevan al lugar que queremos. Al final del día, la esperanza no es, ni será nunca, parte de una estrategia.

Un refrán popular que nos permite camuflarnos socialmente ante las costumbres de un lugar distinto del que venimos es “al lugar donde fueres haz lo que vieres”, y es que, en realidad el alcance de éste aforismo trasciende al comportamiento individual en situaciones diversas. Es una excelente práctica de negocios, una llave que puede abrir muchas puertas y que, si logramos capitalizar de la manera adecuada, se alineará con los objetivos que persiguen las instituciones, las empresas y los individuos en la incansable labor de ampliar su presencia en los distintos y cambiantes segmentos de mercado.

La cultura del veracruzano (del puerto jarocho) es el resultado de la fusión de varias razas humanas. Algunas que, por motivos muy diversos, emigraron de sus tierras de origen para establecerse en estos lares, otras más, como producto de la supervivencia y la evolución de nuestros antepasados. La puerta de entrada a América es, sin lugar a dudas, un lugar donde conviven un sinfín de tradiciones, con orígenes diversos, tan distintos unos de otros, que el corazón veracruzano reclama como propias las olas del mar.

La diversidad, ligereza, tranquilidad y tropicalismo del veracruzano (del puerto jarocho) son tan sólo algunas de las características que nos distinguen de otros mexicanos y de otros veracruzanos. Estamos acostumbrados a que al son que nos toquen, bailamos. Alegres en el carnaval, cautivadores en el danzón y creativos para las décimas; pero también, con una gastronomía tan rica y variada que, a través de sus platillos y bebidas, se regocija a cualquiera y se reduce la carga de la rutina diaria. En Veracruz sabemos sonreír ante cualquier adversidad, con la frente en alto y con el son de la jarana que resuena en el fondo.

Es así, bajo este contexto, que podemos comprender el regocijo que se vive en el puerto de Veracruz, un lugar donde el calor es tan solo un motivo más para convivir con quienes nos rodean, para frecuentar a quienes queremos y para que, a pesar de la situación que atravesamos, esa alegría que nos distingue, se transforma y busca nuevas y mejores maneras de estar siempre presente, siempre vigente.

Existen empresas que han logrado materializar algunos detalles de las tradiciones veracruzanas y que incluso, son parte ya del quehacer jarocho. Han ampliado su rango de alcance y han trascendido a mercados foráneos, lejos de Veracruz. Brindándole en todo momento, un refugio a quien se encuentra lejos de casa, pero también, un espacio de identidad a quien decide explorar parte de la tradición veracruzana. Son varios los actores que han logrado tropicalizar su oferta e impactar en mercados muy distintos al veracruzano, con la firme intención de expandir y compartir lo que somos, lejos de aquí.

Seguramente un par de marcas vienen ya a la mente de nuestros lectores, juzguen ustedes mismos si lo que plasmo en este texto es cierto y, sobre todo, si las marcas en cuestión conservan esos elementos distintivos. Los negocios contemporáneos demandan comunicación cada vez más precisa, que logre transmitir sus valores, mucho más allá de una cifra o una gran campaña publicitaria. El origen de las empresas es su esencia, la esencia se vuelve tradición y la tradición, cultura.

Jesús no era de Veracruz, pero de haberlo sido, sus discípulos entonarían alegres versos, portarían con orgullo la guayabera, el agua se convertiría en torito y el mundo podría, ¿por qué no?, ser un lugar más alegre y feliz. ¡Ah! Y también, muy probablemente, en la última cena se hubiesen servido varios lecheros de La Parroquia.

Sobre el autor:

Juan Carlos Herrera Fernández

Observador nato

Potosino de origen y jarocho por convicción. Esposo y padre, hombre de familia que procura aprovechar al máximo el tiempo que le deja la noble labor de formar profesionales de la Comunicación. Director de facultad, empresario y catedrático universitario de pregrado y postgrado. Observador nato y estratega apasionado. Perseguidor de la felicidad en cualquiera de sus manifestaciones.

Website Security Test