La ciudad de mi pecho

Cultura

25 de Septiembre de 2017

Por Mariana Pérez Gay Rossbach

La ciudad de mi pecho está cuarteada, como las ciudades internas de todos; teniendo nuestros propios edificios afectados. Unos aún tambaleando, otros más enteros, y otros muchos, hechos pedazos, en ruinas, sin opción a reconstrucción. 
 La ciudad de mi pecho también sufrió un terremoto, un evento que lo movió todo. Y sigue temblando cada día que pasa en la impotencia desde este rol de espectadora que me ha tocado vivir. Pues siento que se cae otro edificio más al ver lo que ha perdido mi gente; un enojo bestial al observarlo por la pantalla de mi sala a kilómetros de distancia. Me invade un sentimiento casi masoquista de no merecer; y por lo tanto el accionar de una deuda imposible de pagar, la deuda interna que tengo con mi gente y mi país.

De espalda a la ventana he vivido estos días, pues mi mente y mi corazón han estado con ustedes nada más. La agonía de querer estar en mi tierra cuando más me necesita y no poder acudir. Y es que me duelen las caras de quienes lo han perdido todo, de quienes se desgastan durante el día para mejorar un poco la casa que nos acoge a todos. Me duelen las voces de tristeza y conmoción de quienes pensaron que era el último día de su vida, y me caza el alma de quienes sí lo fue. El huracán en la voz de mi madre al confesarme su miedo de no volverme a ver. Me duelen mis brazos que no han abrazado a nadie, pues están esperando los suyos.

Me duele mi familia, mis amigos, mis extraños. Me duele a quien no conozco y a quien estoy por conocer. Me duele la impotencia. Me duele y me enoja la realidad de este desastre que nos ha atravesado a todos. Me duele y me enoja pensar en lo que esto significa para el futuro, el pasado y nuestro presente. Pero en ese momento hago una pausa… dejo de caminar por las calles de mi ciudad caída y veo a los habitantes que la habitan. Veo su dolor, su angustia, su miedo, y sus puños arriba. Comienzo a escuchar sus voces en coro: “…un soldado en cada hijo te dio”. Escucho aplausos. Y escucho botas de los ciudadanos que caminan aprisa para ayudar. Escucho las llantas de los camiones transportando ayuda. Veo las ruinas siendo cubiertas por voluntarios regalando su cuerpo. Juego con las marionetas esculpidas para los niños que han perdido sus juguetes. Huelo comida preparada de la gente que no tiene nada, y casi puedo saborearla, sabe a humanidad. Y entiendo por qué en mi ciudad se contesta “mande”.

En la ciudad de mi pecho hay soldados. En la ciudad de mi pecho se canta aunque se llore. En la ciudad de mi pecho se da aunque no se tenga, se resiste aunque se sienta que no se pueda. La ciudad de mi pecho se levanta siempre. La ciudad de mi pecho está caída, pero con voluntad a reparar, porque un soldado en cada hijo te dio, México.

Sobre el autor:

Mariana Pérez Gay Rossbach

Psicóloga y artista

Enamorada de los pequeños detalles, de los rincones y secretos. Sonriente a los juegos y el humor negro. Soñadora empedernida y enamorada de la vida. Lo demás lo celo y es mío. 

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